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Voeckler, esencia francesa, alma de Tour – Ars Gratia Artis

Entre los ciclistas franceses, uno destaca más allá de lo deportivo. En lo mediático, en lo espectáculo, Thomas Voeckler es centro de atención, de miradas, noticias, cámaras, críticas y halagos…

Heredero del ciclismo francés de Anquetil y Poulidor, de los Thevenet, Hinault y Fignon, sucesor directo de los Jalabert, Virenque, Leblanc, coetáneo de los Moncoutie, Casar, Moreau, y antecesor de los Bardet, Bouhanni, Pinot y cualquiera destinado a ser un ídolo ciclista en Francia. O Alaphilippe, un corredor del que semanas antes de su segundo puesto en la Lieja dijo que si fuera mánager, lo ficharía.

Sin duda alguna, Voeckler ha sido la cabeza del ciclismo francés durante unos años, aunque reconoce, que a parte de por su rendimiento, gran parte se debe a que ha compartido época con una generación francesa en la que no han surgido talentos como los de antes, o como los actuales.

De hecho, por contra de los que muchos piensan, Voeckler no es prepotente. Hace pocos meses, quedaba segundo en la primera etapa en el Tour de Yorkshire y tercero en la general final. ”En la última cuesta, se puso a tope (Nordhaug, ganador de la primera etapa y la general), y me dije a mí mismo, éste chico es el más fuerte de nosotros”, incluyéndose a sí mismo, Rosseto, Samu y Deignan, que completaban la cabeza de carrera, comentaba en la revista Procycling en su edición inglesa, que hace un par de años tenía una Española que era la caña por la calidad de los reportajes y que hoy no existe.

Nacido en la frontera.

Nació en Schiltigheim, que aunque no lo parezca por el nombre, es un pueblo francés, allá por finales de Junio del 79, en los preludios de aquel Tour del 79 que supuso la segunda victoria de Hinault, ante un Zoetemelk que le apretó pero no hostigó y un Agostinho que tercero, acabó a más de 20 minutos. Curiosamente, el mejor joven en aquella edición fue Jean René Bernaudeau, en su segundo año como profesional, que además consiguió vestirse de amarillo un día. ¿Y qué tendría que ver Bernaudeau con Voeckler? Pues precisamente, que 21 años después, crearía el Bonjour, tras varios años dirigiendo equipos amateur. En este Bonjour, cuya sociedad base es Vendee Cyclisme SA, y cuyos sucesivos posteriores serían Brioches la Boulangere, Bouygues Telecom y BBbox Bouygues Telecom, actualmente Europcar, y el año que viene sin patrocinador aún y por ello condenado a desaparecer a menos que ocurra un milagro, debutó en 2001 como profesional Voeckler.

Pero vamos por pasos. Nacio en aquél pueblo, pequeño, ahora semiincrustado en la ciudad de Estrasburgo, en la región de Alsacia, a orillas del Rin, al pie de los Vosgos, ese precioso macizo boscoso y con una media montaña exquisita, coronada por el Gran Ballon de Alsace, una media montaña que podría definir a Voeckler: Tosca, húmeda, boscosa, caliente, robusta. Actualmente, vive en el Vendee, justo en la otra punta de Francia. A la misma altura, pero en la costa atlántica, en el departamento de la estructura de su equipo.

Así es Voeckler, un artista de la mímica, pero no por ello mal ciclista. Claramente, no está entre los mejores superclases de la historia, pero sí está muy por encima de la media. De hecho, en saber cuál es su posición está uno de sus méritos, capaz de ser foco de atención sin ser el más fuerte de la carrera, pero capaz de usar su fuerza para triunfar cuando puede.

Siendo un chaval…

El deporte le venía de genética. A su padre, le gustaban las regatas, que no regateos, pues sus padres, ambos del sector médico, no andaban mal de dinero. De hecho, llegaron a trasladarse al Caribe, a una de esas Islas aún gobernadas por Francia, en el oeste del oceano Atlántico, en las que el padre compitió en regatas continuamente por gran Oceáno Atlántico, donde falleció cuando Thomas aún no había alcanzado los 15 años. Allí fue donde Voeckler comenzó a montar en bicicleta tras probar con el tenis, judo y fútbol, siendo su primera gran bicicleta un regalo de su propio padre, que atravesó el Oceáno que le engulló para traerle una desde la Francia continental.

A ésta Francia, la del Continente Europeo, llegó Voeckler de vuelta con 17 años, aprobó un examen para entrar y entró en un Grado Superior de Estudios deportivos. Ese mismo año, fichó por el equipo Amateur Vendee U, creado por Bernaudeau un año antes, y con el que en 2000 acabaría segundo la París Roubaix para amateurs, tras Bauman y por delante de Boonen, en una carrera que supone el paso casi asegurado para profesionales en el norte de Europa. Solo hay que ver un palmarés rellenado por Madiot, Roche, Marie, Moncassin, Hushovd, Popovych, Phinney o Jungels, sin ser peores ciclistas los que les acompañaron en el podio.

Paso a profesionales

Y así fue, aquél mismo 2000, entró como Stagiare en el Bonjour, equipo que suponía la entrada de Bernaudeau como mánager de un equipo pro, y con el que Voeckler se ha mantenido hasta hoy.

Y en 2001, ya corrió su primer grande. No, el Tour no, el Giro de Italia. En un principio, no iba a disputarlo, pero el equipo terminó contando con él para sustituir a Frederic Gabriel y Charles Guilbert. Fue un Giro extraño, marcado por una operación anti doping en la que Team Bonjour bikes were stolen at the 2001 Giro d'Italia. Thomas Voeckler finished the race with a borrowed bike.Dario Frigo fue un poco el chivo expiatorio de decenas de dopados, que, haciéndose los indignados, no disputaron la 18ª etapa. En Bonjour, los corredores fueron abandonando, por falta de fuerzas o caídas, y el único corredor que finalizó la carrera fue… !Thomas Voeckler! Además, se produjo un robo, bueno dos, de bicicletas al equipo. Antes de los Alpes, les robaron 5, y a pocos días del final, les robaron otras 10 bicicletas, quedándose el equipo sin bicis, y corriendo los participantes que le quedaban con bicis prestadas por la organización. Voeckler concluyó aquél Giro el 135, penúltimo, solo por delante de Michele Coppolillo.

En 2002, completó una temporada digna, con suficientes días de competición y mostrando ya la cara en numerosas fugas. Su despegue final llegó en 2003. El año que disputó su primer Tour de Francia. Su amada (aunque menos que los championnats), Grande Boucle. Pero antes del Tour ya se había mostrado al mundo. En el Tour Meditererraneen, ahora menos prestigiosa, logró acabar la general en 7ª posición, tras Bettini, Brochard, Chavanel (uno de su quinta), De Groot, Hushovd y Boogerd. Casi nada. Acabó delante de gente como Pozzato o Voigt.

Apenas un mes después ganó la Classic Loire Atlantique en solitario, y en el Tour de Luxemburgo ganó su primera general. Allí se ganó el puesto para el Tour. Un Tour que logró terminar, siempre en el vagón de cola hasta la etapa 18, en la que logró meterse en la fuga del día. Ésta llegaría a meta y el quedaría 7º, un nada mal resultado para una fuga de 16 corredores con gente como Cioni, Bramati, Nardello, Lelli o Cañada, siendo Pablo Lastras el ganador, en Saint Maixent l’Ecole.

Los campeonatos de Francia

Es su sueño, el tercero, dice que para él, valen más que una etapa del Tour.

El primero llegó en 2004. Voeckler estaba teniendo un comienzo de temporada agridulce, pasándolo mal en muchas carreras como las Vueltas a Qatar, Mediterraneen, y Comunitat Valenciana. Luego, tuvo un respiro cuando hizo segundo en la Clásica de Almería, llegando junto a su compañero Jerome Pineau, que ganaba la carrera, para volver a ser un desastre en la París Niza, las clásicas primaverales y al menos asomar la cabeza en el Tro Bro Leon. En Dunkerque no lo hizo mal y tampoco en el Tour of Belgium, para luego ganar en Plumelec. Tras una Dauphiné con un 5º y un 3º puesto en dos parciales, y 19º en la General, ganó escapado en la última etapa de la Route du Sud. Pocos días después, y pocos antes del Tour, participó en los Campeonatos de Francia en Ruta, celebrados en Pont du Fosse.

Tomó la salida Voeckler, y a 90 kilómetros de meta, iba en una fuga que aún no sabían, pero sería la buena. Sus compañeros eran Cyril Dessel y Benoit Salmon. Dessel lo intentó una y otra vez, mientras Voeckler le secaba los palos e intentaba que colaboraran para llegar a buen puerto. Benoit Salmon apenas podía aguantar el ritmo, y dar una estocada para intentar aprovecharse de la vigilancia entre Dessel y Voeckler. Lo hizo en un repecho. Thomas dejó coger unos metros a Salmon y tostarse un poco a Dessel, y luego arrancó a por todo. Les alcanzó Dessel poco antes de coronar, y allí, como marcan los cánones, Voeckler atacó justo cuando llegaba el corredor del Phonak. Era un infierno, la subida seguía, y seguía, por una carretera nada bien asfaltada, con curvas y abierta al viento. Voeckler, Dessel y Simon, 100 metros en cada corredor, a ritmo, persiguiéndose entre ellos. Las fuerzas estaban muy igualadas, y arriba, estaban otra vez juntos. Y hasta meta. Llegaban Dessel y Voeckler relevando, y Simon a rueda al último kilómetro, donde Dessel cometió el error de colocarse primero y empezó el juego de pistards en ruta. Simon arrancaba, sin fuerzas, por la izquierda, y Dessel no podía esperar más y lanzaba el sprint, con Voeckler a rueda. Comenzaba Thomas a remontar a 100 metros de meta, y exhaustos, ya sentados, sin pedalear, entraban en meta. Thomas Voeckler delante, con los únicos resquicios de fuerza suficientes para levantar los brazos, y celebrar su primera gran victoria. Sus primeros campeonatos de Francia.

Voeckler siguió intentando repetir su victoria y volver a conseguir otro maillot con la bandera gala. En 2006, se metió en la fuga, y la carrera fue espectacular. Con la selección hecha, delante quedaban Voeckler, Moreau, y Angolutto en cabeza, y atrás, en un grupo perseguidor, Chavanel, Nicolas Jalabert, Florent Brand, Halgand, Calzati, Geslin Rous… Rous y Geslin, compañeros de Voeckler, y Calzati, de Moreau, secaron todos los palos que Chavanel y Jalabert daban tratando de neutralizar al trío. Delante, soltaban a Angolutto y seguían a duo, Moreau y Voeckler. Pero Brand saltaba desde atrás, zafándose de los compañeros de Moreau y Thomas y librándose de unos tostados Jalabert y Chavanel. Contactaba con la cabeza de carrera, cuando quedaban ya menos de 7 kilómetros. Encima, tenía fuerzas para dar otro palo, y aprovechándose de la vigilancia del dúo, cogía una ventaja que ya no pudieron cerrar. Brand fue campeón, y Thomas Voeckler tuvo que conformarse con una medalla de plata y la foto en el podio. 

Y pasaban los años. Y siguió intentándolo. Y llegó 2010.

En 2010, los campeonatos fueron en Chantonnay. 240 kilómetros de carrera decidirían al nuevo campeón. Se hizo una fuga, se capturó y a 50 de meta, se fueron Voeckler, Fedrigo, Chavanel y Le Mevel y otros 3 o 4 corredores, luego, se marcharon solos estos cuatro, y finalmente, se fueron solos Voeckler y Le Mevel. Llegaron juntos, y Voeckler no le dio opción en la recta de meta, donde le ganó de manera sobrada. Era su segundo título nacional. 

Y además, fue parte de la salvación del equipo, al que Bbox Bouygues Telecom dejaba de sponsorizar, siendo relevados por Europcar. 

Y Voeckler siguió intentándolo. En 2011, Chavanel desde la misma escapada, se fue solo ya a 25 kilómetros de meta, resistiendo bravamente el empuje de Thomas Voeckler y Anthony Roux, que llegaron a estar a 30 segundos de Chavanel, pero a los que le fue imposible capturarlos. Sylvain entró en meta con tiempo para celebrarlo, mientras Roux se llevó la plata y Voeckler el bronce. 

Y siguió intentándolo, tras algunos campeonatos orientados al sprint. Éste año, sin ir más lejos, y cuando el sprint estaba medio cantado, saltó una y otra vez intentándolo, y acabó, aún así, 6º. 

Voeckler y el Tour de Francia

En su segundo Tour de Francia, el de 2004, Voeckler realizó su primera gran actuación en un Tour de Francia. Tras concluir el anterior, en éste se presentaba con un plus de motivación: el de portar el maillot con las franjas de la bandera francesa. Fue aquél Tour que partió de Lieja, en el que Cancellara se vistió de líder el primer día. Luego, el maillot pasó a Hushovd, McEwen, y tras la segunda crono, a Armstrong.

Un día después, en Chartres, llegaba la fuga, y en ella viajaba nuestro amigo Thomas Voeckler, con Jakob Piil, Stuart O’Grady, Sandy Casar y Magnus Backstedt. O’Grady se llevó la etapa, pero Voeckler, merced a la ventaja de 12 minutos de aquella fuga bidón, se vistió de amarillo, por primera vez, con 9 minutos sobre el primero de los favoritos, Armstrong. Y con él aguantó Voeckler días y días. 10 en total, defendiéndose en etapas duras como las de Saint Flour, La Mongie o Plateau de Beille, hasta, vacío, perderlo en Villard de Lans, donde Armstrong lo obtendría y mantendría hasta los Campos Elíseos. Su manera de aguantarlo especialmente en Plateau de Beille, donde lo retuvo por solo 22 segundos, entrando feliz en meta, fue digna del mayor coraje. Acabó aquél Tour 18º, y 3º de los jóvenes. 

https://www.youtube.com/watch?v=j9rmgcQgtT8

En 2005, Voeckler no tuvo mucha suerte. Apenas pudo meterse en la fuga del día de Mende, donde fue superado por casi todos sus acompañantes. Igual suerte corrió en 2006, cuando venía de ganar sobrado la Route du Sud. En el Tour entró en alguna fuga, pero no fraguó ninguna. En 2007 estuvo atentísimo. Fue uno de los Tours más descarados que he visto, con Rasmussen y Contador 8 puntos por encima del resto. Poco más que dar presencia al equipo pudo hacer el bueno de Thomas. En 2008, intentó pugnar por el maillot de la montaña, pero Khol estuvo supremo, y también fue superado por Sastre y Frank Shleck, que peleaban la general.

En 2009, viniendo del Giro, comenzó la fiesta. Solo Gilbert le separó en la etapa 20ª del Giro de la victoria en Agnani, donde Voeckler acabó segundo. Pero el karma existe, y a Voeckler le afectaría en el Tour. Tomó el pelotón del Tour la salida en Monaco, con un Cancellara que se impuso en  el prólogo y aguantó el amarillo 6 días. Un maillot amarillo que en aquel Tour solo vistieron tres personas: Cancellara, Noncentini y Contador. Pero eso sería más tarde. Nuestro protagonista lo fue ya en la primera semana. En el quinto día.

Era una etapa con final en Perpignan. En una de las más bonitas que he visto en el Tour. Con la fuga de Geslin, Hutarovich, Sapa, Voeckler, Ignatiev y Timmer. En una etapa en la que estaba previsto el sprint pero en el que hubo sorpresa. Además de viento. Un viento que provocaba unos nervios que a su vez provocaron la caída en la que Gesink se despidió de la carrera. Unos nervios que provocaron que el grupo se rompiera, siendo Menchov el mayor perjudicado en el segundo grupo, pudiendo haber perdido opciones a la general hasta que finalmente engancharon. Pese al altísimo ritmo puesto en el pelotón, por los que tenían sprinters, y por los que querían distanciar a Menchov, la ventaja no bajaba. Pinchaba Boonen, algunos se ponían a tope para que no entrara, y la escapada casi era neutralizada, pero la vuelta de Tom Boonen hizo levantar algo el pie, y la ventaja volvió a superar el minuto. A FDJ, que llevaba a Geslin y el rápido Hutarovich, se le ponían las cosas de cara. Pero delante comenzaron los palos, aún sin tener muy claro que pudieran llegar, pero en busca de la gloria. 

El primer palo lo daba Ignatiev. A por él salía Timmer, y atrás Voeckler, que rápidamente, viendo a su rueda a los dos FDJ les dejaba la tostada. Lo intentaba otra vez Ignatiev, Voeckler salía fácil y lo cogía, y junto a ellos, llegaban Timmer y Hutarovich. Voeckler iba fácil, no quería parar, y se puso a tirar. A falta de 5 kilómetros, se dejaba caer a la cuarta posición, y tras una rotonda, atacaba por la izquierda, a bloque. Timmer no salía, tampoco Hutarovich, e Ignatiev, cerrado en un primer momento tampoco pudo hacerlo. Fue el demarraje bueno. Atrás, primero a relevos, y luego Timmer en solitario, trataron de alcanzarle, pero fue imposible. Voeckler se llevó su primera victoria parcial en el Tour, sorprendiendo a todo un pelotón. Lo intentó otros días aquél Tour, pero no cuajó. 

https://www.youtube.com/watch?v=c4Q2GkMlFCo

En el Tour de 2010, también llegaba Voeckler tras correr el Giro, y tras haber quedado, otra vez, segundo en una de sus etapas, tras Pozzato, en Porto Recanati. 

Como hiciera en 2004, Voeckler volvía a tomar la salida enfundado en el maillot de campeón francés. Esta vez, el prólogo fue en Rotterdam y allí se vistió de líder Cancellara. Pasaron los días, y con la séptima etapa, llegó el primer intento serio de Voeckler. Fue una etapa entre Tournus y Station de Rousses. Pocos días antes, en la tercera jornada, con final en Spa, Chavanel ganó una etapa (y se vistió de amarillo), en la que el pelotón paró cuando el francés iba fugado para esperar a los corredores que habían sufrido distintas montoneras en algunos descensos, entre los que estaba Andy Shleck. Su compañero, Cancellara, en el primer grupo, sabedor de que con ello perdería el maillot amarillo, marchaba apesadumbrado esperando a su colega de equipo, aunque un día después, sobre el pavés, recuperaría el liderato.

A Chavanel no le sentó muy bien ”que le regalaran” aquella etapa que en realidad ganó con todo su esfuerzo. Por eso, en la etapa 7ª, estaba preparado. Delante, una fuga, con cuatro o cinco corredores entre los que Pineau (Quickstep), luchaba por la montaña y terminaba siendo el último superviviente. Pero atrás se produjo un contraataque liderado por los Bouygues Telecom, con Voeckler y Gautier, a los que se sumaron Cunego, Chavanel, Valls, Dani Moreno y Gárate. Persiguieron y finalmente, Chavanel les soltó en una subida, enganchó y pasó a su compañero Pineau y entró victorioso en meta, por delante de Rafa Valls. 

Voeckler llegó cuarto, pero no se desesperó. Dejó pasar unos días, y lo intentó otra vez. Fue en aquella etapa en la que a Andy Shleck se le salió la cadena mientras Contador le remachaba tras un ataque del de Luxemburgo, uno de esos precedentes por los que luego no te puedes quejar si te atacan en la etapa del Mortirolo cuando tengas un percance mecánico. 

Turgot y Voeckler (Bouygues), Reda (Quick), Ivanov (Katusha), Mondory (Ag2R), Ballan (BMC), Roberts (Milram), Vandborg (Liquigas) Aitor González (Fotoon) y Vansummeren (Garmin) fueron los fugados. En Port de Bales, Voeckler los soltó a todos, y maillot francés en pecho, se tiró a muerte hacia Bagneres de Luchon, donde conseguía su segunda victoria en el Tour y además, aportaba otro gran granito de arena a la búsqueda del nuevo patrocinador (que sería Europcar). 

https://www.youtube.com/watch?v=TFoF-zHryLo 

Y la fiesta continuó… Llegó a su culmen. Fue en 2011. El culmen de la fiesta, y el tope máximo de la carrera de Voeckler. Sin duda, 2010, 2011 y 2012 fueron sus mejores años. Y el Tour de 2011, su mayor expresión. Voeckler llegaba al Tour de 2011 con 32 años, y sin ningún objetivo más allá que conquistar alguna etapa. El Tour partió aquel año del Passage du Gois y tuvo como primer líder a Philippe GIlbert. En la 8ª etapa, Voeckler iba 18º en la general, mientras Hushovd mantenía el liderato en la misma. 

Al día siguiente, el 9º, Voeckler se metió en una fuga con Sandy Casar, Luis León Sánchez, Jhonny Hoogerland y Juan Antonio Flecha. Éstos dos últimos, que entonces corrían para Vacansoleil y Sky, fueron embestidos por un coche de la televisión francesa, que adelantó por donde no tenía que adelantar, se encontró un árbol, lo esquivó, tiró a Flecha, y cayó también Hoogerland, que salió disparado a una valla de alambres de espino que le dejó las piernas destrozadas. La organización del Tour no ha indemnizado a Hoogerland hasta finales de 2014. Aunque estemos hablando de Voeckler, cabe mencionar que Flecha y Hoogerland apenas se conocían entonces. Luego llegaron a compartir equipo en Vacansoleil, hacerse amigos, e incluso compartir concentraciones y vacaciones con sus familias. 

El caso es que Voeckler no paró. Tampoco tenía mucho sentido. Flecha y Hoogerland no podrían haber continuado la aventura. Apenas pudieron volver a montar en sus bicicletas, dejarse engullir por el pelotón, claramente enojados cuando la cámara les enfocó, y acudir al coche médico a que les dieran un repaso. Voeckler fue duramente criticado, sin mucho sentido. El francés tenía la oportunidad de vestirse de amarillo. No podía esperar a dos compañeros de escapada que no podían apenas continuar en carrera. Así las cosas, Voeckler llevó la máxima responsabilidad del trio, y Luisle les remató a él y Casar en la meta de Saint Flour. El español se llevó la etapa, y nuestro Voeckler se vistió de amarillo, con 2:26 sobre Cadel Evans, tercero en la general y primero de los favoritos a la misma. 

Muchos pensaron que aquello solo era provisional. Que Voeckler vestiría el amarillo y para casa. Pero la cosa no estaba así.

Con Luz Ardiden, llegó la montaña, y Voeckler resistió, acabando la etapa en novena posición, a 50 segundos de Samuel Sánchez. Su siguiente prueba llegó en Plateau de Beille, y allí aguantó con los mejores, picándole solo unos segundos Vanendert, Samu y Andy Shleck. En Gap, solo Evans, Contador y Samu le picaron tiempo, perdiendo otros pocos en Pinerolo, donde se lanzaron como locos en el descenso soltando a los Shleck y obligando a Voeckler a arriesgar y salirse en una curva metiéndose en el patio de una casa. Pero nunca le remataban. Solo perdía unos pocos segundos. Contador no andaba bien, Samu no se sabía en qué pensaba. Evans no podía atacar a los Shleck, les bastaba con la crono, y los Shleck que eran los que tenían que atacar y atacaban, no lo hacían con todo. 

Y así, Voeckler se presentó como líder, de amarillo, y con 1:18 sobre Evans y 1:22 sobre Frank en las tres etapas que decidirían la general: Galibier y Alpe D’Huez, y la CRI de Grenoble. El resto, estaba a más de dos minutos. En Galibier, aquella etapa en la que Contador sufrió la pájara del siglo, se lució Andy Shleck, y le recortó del tirón 2:21 segundos. Evans y Frank le picaron 6 y 14 segundos cada uno. Y así llegaba Voeckler a Alpe D’huez, con 15 segundos sobre Andy, 1:08 sobre Frank y 1:12 sobre Evans.

La ventaja era asequible. A los Shleck, Voeckler iba a poder superarles en la crono, y Evans no iba a atacar en Alpe, aunque sería el rival duro en la crono. Pero Contador, probablemente celoso por la actuación de Andy el día anterior y su tremenda pájara, reventó la carrera a 90 de meta, en Telegraphe, y Voeckler erró. Los Shleck y Evans respondieron, y Voeckler no pudo ampararse en el grupo, la que habría sido la decisión correcta. Frank esperó al grupo, y luego Evans, comenzó a creer que tenía averías mecánicas, ruedas pinchadas o frenadas, cuando lo que tenía era malas piernas. Voeckler cedió más tarde, pero a diferencia de Evans y Frank, en lugar de esperar al grupo y reorganizar al equipo, pues hasta Alpe había terreno para perseguir, su actitud le guió a cebarse. Perseguir, con mucho desarrollo, maldiciendo, gastanto el duro.

Y pasó lo que pasó. Subiendo Galibier, el grupo cazó y soltó a Voeckler, que quedado comenzaba el show ante las cámaras con todo tipo de gritos y gestos. Estaba reventado muerto. En Alpe D’Huez, tras un intento de Evans, con Rolland por delante, saltó Contador, atacó, y se fue solo, para librar en los últimos instantes una lucha por la etapa con Samu y Rolland que ganó éste último francés. Voeckler llegó a meta vacío a 3:22 del francés, perdiendo toda opción a la general, dejando el amarillo en manos de Andy, del que ahora estaba a 2:10, cuarto clasificado.

Al día siguiente, en la crono, perdió 2:07 con Evans, por lo que estaba claro que no habría ganado el Tour, pero marcó mejor tiempo que ambos Shleck. A mí no me cabe duda de que si en Telegraph espera a sus compañeros, y persiguen en Galibier, descenso y el Valle del Alpe, Voeckler habría subido al podio en París, y probablemente, como segundo clasificado. Es una de las pocas veces que su actitud agresiva me ha ”jodido”. Me dolió. Me gustaría haberle visto en París. 

En 2012, Voeckler no estuvo cerca en la general, pero tuvo gran premio. O mejor dicho, premios, porque fueron tres: Dos etapas y la clasificación de la montaña, que le permitió por primera vez, subir al podio de París. 

La primera etapa llegó en Bellegarde sur Valserine, un etapón que culminaba con los ascensos a Grand Colombier, Richemond y los descensos de ambos, terminando en un pequeño repecho. Se metió Voeckler en la fuga del día, con numerosos corredores. De ellos, en Colombier, se marchaban Luisle, Voeckler, Voigt (el grande y valeroso Voigt, que se quedaba, enganchaba, atacaba, se quedaba, enganchaba…), Scarponi y Devenyns. A 3 de meta arrancaba Devenyns, al que Luisle perseguía en primera instancia y Voigt intentaba coger con un fuerte arreón. Pero el terreno era duro. Y así iban. Devenyns, atrás Voigt, y atrás los otros tres. Parecía que el de Omega tenía la victoria cuando entró solo en el último kilómetro, pero entonces arrancó Voeckler con todo, soltó a Scarponi y Luisle, pasó por encima a Voigt, y Devenyns y consiguió su tercera victoria de etapa en el Tour de Francia. 

https://www.youtube.com/watch?v=CWvMUWBAfSA

La segunda, como no, llegó en Bagneres de Luchon. Escapada, como casi siempre en esta etapa, numerosísima, que fue desintegrándose con el paso de Aubisque y Tourmalet. Voeckler atacó en Tourmalet desde la fuga y se fue solo con Feillu, que le cogía en la bajada, dejando atrás a gente como Vinokourov, Kessiakoff, Ten Dam, Dan Martin y muchísimos más. En Peyresourde, lograba soltar a Feillu, coronaba en solitario y se lanzaba hacia Bagneres de Luchon donde conseguía su cuarta y última hasta ahora victoria en el Tour de Francia. 

https://www.youtube.com/watch?v=sbd6jIWlPYM

Esta y sus otras muchas fugas en esta edición, además de casi darle una tercera victoria en Pau, le colocaron en disposición de luchar por la clasificación de la montaña. Y lo hizo. Su mayor rival fue Kessiakoff, que se filtraba en todas las fugas y con el que vivió unos duelos impresionantes en los sprints por los puntos de la montaña. La disputa estuvo bonita, con un maillot que cambió de las manos de uno, a las del otro hasta en cuatro ocasiones. Tras Morkov y Froome, lo cogió Kessiakoff, luego Voeckler, más tarde Kessiakof, y tras ello, y hasta el final, Voeckler lo vistió y salvaguardó. Se echan de menos esas batallas, con gente que no sea de la general metiéndose en la fuga y sprintando en cada puerto para luchar por el maillot de los puntos. Está feo eso de que se lo lleve uno de la general por la doble puntuación de los finales en alto, como algo accesorio, sin batalla específica ninguna por la montaña.

En 2013, 2014 y 2015, Voeckler lo ha intentado una y otra vez, y cuando no lo ha hecho, es por que ha intentado ayudar a que lo hiciera uno de sus compañeros, normalmente Rolland. Cerca estuvo de conseguir la quinta en 2014, curiosamente, otra vez en Bagneres de Luchon. 

Fue una etapa entre Carcassone y Bagneres, en la que Voeckler se metió en la fuga del día, que tardó hasta 80 kilómetros en formarse, con Michael Rogers, Kiryienka, Serpa, Kwiatkowski, Ion Izagirre, y hasta 21 corredores, entre los que también estaba Gautier, compañero de Voeckler. Voeckler y Gautier, Rogers, Kiryienka y Serpa llegaban prácticamente juntos arriba y se unían en el descenso.  Gautier cogió unos metros, y Rogers, increíble, al alcanzarle, no le dio tiempo ni a olerle. En una zona donde hay que pedalear, se hizo una serie digna del más potente pistard y Gautier no pudo seguirle la estela. Rogers llegó a meta y se llevó la victoria, mientras Voeckler entraba segundo, dejando escapar una buena oportunidad. 

Probablemente, Voeckler no vuelva a ganar una etapa en el Tour, y probablemente, si lo hace, la próxima sea su última participación, pero no importa, por que ya es historia de la Ronda Gala, y de ahí, no le borra nadie. 

Otras carreras, Otros logros

Pero Voeckler no solo ha vivido sus mejores días en los Campeonatos y el Tour. A Voeckler le gusta competir. Mucho más que entrenar. Cada año, supera los 90 días de competición. Y nunca compite en vano. 

En 2007, una de sus victorias más bonitas llegó en el GP de Plouay. Una clásica que acaba con un terreno rompepiernas de la muerte. A 5 de meta, comenzaron a llover los ataques, con un pelotón desorganizadísimo. Un trío con Noncentini, Moinard y Leukemans se desmarcaba en un repecho, y el pelotón se transformaba en una hilera afilada de corredores liderada por un CSC y un Caisse d’Espargne, que daban caza a los tres, de los que ahora saltaban Moinard, sin lograr marcharse y tras lo que Caisse volvía a marcar el ritmo. Y entonces, a 3 de meta, aparecía una figura azul, desde la toma aérea, que salía disparada, por la izquierda. Atacando a muerte. Era Thomas Voeckler. Valiente, mantuvo el ataque, primero durante un tiempo en el que parecía no poder separarse ante la persecución del Caisse, y luego, tras reventar éste, sacando una jugosa ventaja. Bonita. Pequeña, pero preciosa. Detrás se miraban y Voeckler se iba. 1.300 metros a meta. Voeckler a muerte, a full gass, a tope, sprintando, agarrado abajo, con el pelotón difuminado al fondo de la pantalla. 500 metros. De nada servía el tirón final de Cofidis y Liquigas. Voeckler seguía por delante. Apretando los dientes, las piernas, los pedales, las bielas. Entrando en meta como solo lo hacen los mejores: Solo y con tiempo para celebrarlo. 

En 2010, Voeckler obtuvo una de sus victorias que también son para enmarcar. Fue en el GP Québec, en la primera edición de esta carrera, una de las principales bases de la globalización del ciclismo con su inclusión en el Pro Tour. Marchaba por delante del pelotón una escapada con Hesjedal, Cunego, Weggman, Breschel y Gesink, que se había marchado a dos vueltas del final. Radioshack y Euskaltel terminaron de neutralizar en la última ascensión a la pequeña subida del circuito a lo que quedaba de la fuga: Hesjedal, Cunego y Weggman. Arriba todos se miraron, y Voeckler, llegando fuerte desde atrás saltó tal y como llegó. Otra vez, una más, a muerte, como hizo en Plouay el año anterior. Atrás se miraron y Voeckler abrió hueco. Un hueco muy pequeño, pero suficiente para entrar por delante del grupo, brazos en alto. Un grupo encabezado por Boasson Hagen. 

En 2011, fue en la París Niza. Una etapa con inicio en Creches sur Saone y final en Belleville. Con De Gendt, Di Gregorio, Voeckler y Pauriol se escapó de Greef, que pronto se descolgó. Con lagunas pequeñas cotas, pero todo favorable al sprint, el trío empezó a abrir hueco. En los últimos 15 kilómetros aún conservaban un minuto. De Gendt veía la posibilidad de volver a vestir un maillot de líder que consiguió en la primera etapa y se vaciaba. Di Gregorio, Pauriol y Voeckler tampoco cesaron en el empeño. Radioshack, BMC, Garmin y Rabobank se empeñaban atrás en perseguir, a bloque, pero era tarde. Habían errado en el cálculo. Delante no se atacaron, ni miraron, algo con lo que probablemente contaba el pelotón, sino que colaboraron hasta el último momento. En el último kilómetro, ya si, le dejaron a De Gendt la responsabilidad, pues podía vestirse de líder, y éste les llevó hasta el final de la etapa, en la que se disputaron la victoria de tú a tú, entre los cuatro, al sprint. De Gendt lanzó, Voeckler tomó la cabeza, y ya no la soltó hasta cruzar la meta, brazos en alto, otra vez. Una victoria más con el grupo pisando los talones, como la que consiguió aquel mismo año en Cholet Pays de Loire.

En 2012, llegó otra de sus mejores victorias. Fue en la Flecha Brabanzona. Y fue impresionante. De la fuga de Belkov, Ovechkin y Schron, solo quedaba éste último cuando detrás empezaron unos movimientos que Van Avermaet iba secando para su compañero Gilbert. Voeckler, Matthews, Howes y Jacobs lo intentaron, y Sagan, y Devenyns intentaron unirse pero Avermaet les ancló. Los cogieron, y Devenyns lo intentó otra vez, y otra vez Van Avermaet a rueda. El que si consiguió marcharse, desde tan lejos, fue Voeckler. A por el saltaron, pero Sagan cayó le dieron un respiro y aumentó su ventaja. Alcanzó al fugado y le pasó, mientras en el grupo perseguidor el acuerdo era nulo, valiéndoles para que simplemente Freire consiguiera la segunda plaza. La primera sería para Voeckler, que entró sobrado, radiante, feliz y victorioso en la línea final de la carrera. A esta actuación le siguieron las mejores Ardenas de Voeckler, 5º en Amstel y 4º en Lieja. 

En 2013, ganó una etapa en Dauphiné, en Grenoble. De una fuga con varios corredores, Voeckler terminó destacándose con Herrada, y Sillin y Seeldrayers, compañeros en Astana. Subida al último puerto, y bajada a tumba abierta hasta Grenoble, mientras Omega Pharma perseguía desesperado liderando el pelotón. Juntos, se plantaron en el último kilómetro. Primero lo intentó Seeldrayers, pero Voeckler respondió, tan rápido como al remache de Sillin. Los Astana no se entendían, o no tenían fuerzas, pero no realizaron ningún ataque de verdad. Voeckler les comió la moral, para lanzar su sprint final, en el que venció tan sobradamente como había controlado a sus rivales.

Aquel mismo año y de similar manera Voeckler ganaría en la Route du Sud la general, merced a su victoria en la etapa reina, la de siempre, con Bales y final en Bagneres de Lucho, esa que tan bien a Voeckler le va, aún llegando con Pellizoti y dos compañeros de un mismo equipo, la Ag2r: Gadret y Bardet.

Su última victoria, fue a final de aquel 2013, con etapa y general en Poitou, tras la que ha seguido intentándolo, regalando espectáculo a Francia, trabajo al equipo, y gestos a las cámaras. Ahí queda su segundo puesto en la Paris Tours 2014, en la que todos nos tomamos a broma que le ganara un tal Jelle Wallays por un fallo de juvenil (hacerle todo el último kilómetro), demostrándose después que este Wallays tiene madera, clase y potencial de campeón y clasicómano. Este mismo año, acabó segundo (y tercero de la general) la primera etapa del Tour de Yorkshire, solo superado por un tremendo Lars Peter Nordhaug. 

https://www.youtube.com/watch?v=MswzkatGu6k

https://www.youtube.com/watch?v=uH9DIHCk0b8

Siempre al ataque

Si algo caracteriza su manera de correr, es el arrojo. No la estupidez, ojo, si no la valentía de atacar. La idea de Voeckler es simple ” En el ciclismo, lo que me gusta es atacar para ganar. Nunca he sido el corredor más fuerte del pelotón. Nunca nada me ha obligado a atacar, solo tienes que ir a por ello y a veces funciona y otras simplemente gastas tu energía. Es la única manera en la que puedo tener éxito y es también la única manera en la que me gusta correr. Llevo corriendo de ésta manera desde que me convertí en profesional, y siempre era igual cuando estaba en las categorías inferiores” comentaba también en Procycling, en una magnífica entrevista realizada por Peter Cossins, que dista mucho de la salsa rosa revistera de algunas revistas especializadas. Y tiene razón Voeckler. Cuántas veces se le ha visto atacar en situaciones en las que podrá haber esperado e intentado ganar desde el grupo. Porque si bien es verdad que no es el más fuerte del pelotón, rueda, sube, baja y es rápido. Barodeur se define, una mezcla entre rodador y aventurero, pero que es capaz de subir la montaña con los mejores en sus mejores días, y la media montaña como el mejor en sus días inspirados. En uno de los últimos Giros de Lombardía, en la Milán Turín, o en París Tours, todas clásicas otoñales, Voeckler, que tiene suficiente clase para esperar en el grupo e intentarlo con un ataque en el último tramo, al menos en MT y PT, ataca. Y lo hace con todo, aún renunciando a sus posibilidades de tratar de tirar de picardía, experiencia y fuerzas para jugársela en la parte final.

Pero no lo hace. A Voeckler nunca le veremos entre los 20 primeros, esperando, guardando. O lo vemos atacando, o lo vemos a cola, pensando ya en el día siguiente, para atacar. Todo encaja con que su película favorita sea Reservoir Dogs, de Tarantino.

Enemigo de los pinganillos

Quizás ese amor por el ataque, por buscar la oportunidad, sea lo que tan en contra de los pinganillos le tiene. Y por eso, por el terreno, y no por el nivel de los rivales, es por lo que a Voeckler, que no se obsesiona jamás por los puntos del World Tour como otros corredores, no le gustan los pinganillos.

Recordemos, que por mucho que no lo crean, los pinganillos solo están permitidos en el Calendario World Tour y en la Copa del Mundo Féminas, y no así en el resto de carreras, donde el uso de auricular que a veces vemos solo está conectado a Radio Vuelta, o que incluso en algunas pruebas ni siquiera lo llevan. La excusa de la seguridad no vale. Ni a él, ni a mi, por que sino, la seguridad sería tan importante en las WT como en el resto de pruebas, y porque la seguridad, se salvaguarda mejor con una única radio abierta que comunicara los obstáculos de carrera, que con 22 directores gritando a cada uno de sus 6, 7, 8 o 9 corredores ”Cuidado, hay que entrar delante, hay que entrar delante, hay que entrar delante” cuando el pelotón tiene 200 unidades y por cierto estrechamiento solo caben en hileras de 3. De ahí, la pasión de Voeckler por participar en los Tour de Yorkshire, aunque nunca falta en escenarios World Tour franceses, imprescindibles para su patrocinador, que confía en él, Rolland, Coquard y corredores como Gautier para conseguir resultados.

¿Cuánto ciclismo le queda?

Obviamente, Voeckler ya no está al nivel de 2009-2012, años en los que mejor estuvo, con su pico de forma en un 2011 en el que no hizo podio en el Tour por estrategia. Aún así, sigue siendo un corredor fiable, capaz de acumular días de competición desde Febrero hasta el final de temporada, y además, no días vacíos, sino en los que da visibilidad al equipo, ya sea en fugas, en ataques tardíos, a punto o consiguiendo victoria, (algo que puede seguir haciendo aunque no lo haga desde 2013), o por el mero hecho de la atracción que las cámaras de la televisión francesa sienten por él. Es el único corredor al que siempre enfocan, aunque se esté quedando en el mismo momento que otros 40 corredores (prefiere hacerlo solo, así tiene más segundos televisivos). El otro día, en el final en St Jean de Maurienne, cuando el pelotón le absorvió de una fuga en la que peleó por que Rolland pudiera disputar, iba tan tranquilo hasta que le enfocaron momentos antes de ser capturado, donde comenzó un show digno de Mister Bean.

Sobre su futuro, quiere seguir corriendo. Si Europcar, que lo tiene difícil, consigue sponsor para el próximo año, firmará otro año, e irá viendo a final de cada temporada si renueva. Si Europcar desaparece, valora fichar por otro equipo, pero no va a cambiar sus hábitos en cuanto a manera de correr, carreras en las que participa o modo de entrenar, así que lo tendría difícil. Y es que, cuando llevas quince años como pro, tienes mujer e hijos, y las aspiraciones de Voeckler, entrenar 30 días en altura, o en una concentración de pretemporada 15 días, alejado de los suyos, no es nada atractivo ni motivador. Voeckler prefiere, simplemente, correr, correr y correr, porque ello supone viajar a la carrera, correr, y volver a casa, con la familia. Supone entrenar en unas carreras en las que nunca va solo a dejarse llevar, y en casa, recuperar, entrenar algo, y volver a correr.

Nick Nuyens (Tour Flandes 2011, Kuurne Brussel Kuurne 2006, Omloop Het Niewusblad 2005, 3x GP Wallonie), dijo de Voeckler que era el corredor más astuto contra el que había corrido, junto a Lars Boom, Vanendert o Paolini. ”Le gusta jugar con los demás corredores, arriesgar, atacar en el momento que menos lo esperas. Es impredecible y un gran rival”. Su eterno director, Bernaudeau dijo una vez que ”Si hubiera tenido un corredor con la clase de Chavanel y el carácter de Voeckler, tendría un super campeón”, algo así como un Bernard Hinault. Francia tendrá que seguir esperando.