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Me niego a cuatro meses más de debate inútil. Ni Nairo, ni Mikel.

Y es que ya llevamos unos cuantos. Que si Nairo debe liderar, que si debe hacerlo Mikel, que si uno tiene que trabajar para otro…

Comparaciones son odiosas, y ninguno es Froome. Ni el Wiggins de 2012. Ni el Andy Schleck de 2010. Ni el Contador de 2009. Como si Nairo llevara ya en su haber dos o tres Tours. O Mikel hubiera ganado el año anterior. Ninguno de los dos ha hecho los méritos necesarios para que un equipo con dos bazas como ellos, parta en una carrera como el Tour con uno como lugarteniente del otro, sin la libertad que supone un coliderato.

Mucho más que a los casos anteriores, la situación recuerda a la de AG2R en 2014, con Péraud y Bardet, a la de Contador y Kreuziger en Tinkoff Saxo en 2013, o la de Andy, Frank y Carlitos en 2008. Situaciones en las que ambos corredores llegan muy fuertes, ninguno ha hecho el año anterior y el mismo hasta la carrera nada que les presuponga una oportunidad clara de ganar si todo el equipo se vuelca en él, o la carrera evidencia que ambos tienen una misma probabilidad. En ese caso, renunciar a una baza, en favor de la otra, roza lo descabellado.

También roza lo descabellado tener un corredor con posibilidades de ganar y no aprovechar la presencia de otro corredor fortísimo para ayudarle, pero eso supone renunciar a las opciones del segundo, y eso solo es válido para un director si el primero garantiza. 

A día de hoy, ni Mikel, ni Nairo, garantizan. Salta a la vista y sería inútil no reconocerlo, que la trayectoria de Nairo en Grandes Vueltas es mejor y más constante que la de Mikel. Pero también salta a la vista, que nunca ha estado cerca de ganar el Tour de Francia y que Froome siempre, ha gestionado como ha querido su ventaja con el colombiano. Es duro escucharlo, pero es cierto: Nairo ha sido 2º, 3º y 2º tras Froome y en ninguno de los tres casos estuvo cerca de ganarle. En el que más, 2015, Froome contaba con más de 3 minutos, y Nairo, aunque le atacó y sacó ventaja, no estuvo cerca de recortarlos en dos etapas que suponen su fuerte, con alta montaña, y de la buena, que no el punto flaco de Froome. Por otro lado, Mikel no cuenta ni de lejos con los resultados de Nairo, pero sí es cierto que alumbra en mayor medida esos momentos de brillantez, de aura que requiere un ganador para disputarle a Froome un Tour.

A Froome, superior a todos los vueltómanos (salvo a 1 o 2 a los que iguala, como Dumoulin) en la contrarreloj e igual de bueno en montaña (como poco, superior en realidad a casi todos), solo le puedes ganar merced a una avería, caía, o un día de brillantez en el que puedas recortarle la diferencia que te hará o ha hecho entre cronos individuales, en equipo, y algún que otro final en alto, donde con estrategias de ataque en el último puerto, es prácticamente imposible recortarle más que una decena o veintena de segundos, en un día malo. No vale siquiera atacarle a pie de puerto.

Debe ser antes. Y si alguien ha demostrado alguna vez el aura para ese ataque de lejos, con el carácter necesario para proponerlo, afrontarlo, y resultar exitoso, es Mikel, no Nairo.

En cualquier caso, todo debate es inútil. Decirle a uno de tus corredores top que es gregario del otro supone una desmotivación brutal, y es muy contraproducente si a la postre, por la situación de carrera, o por las fuerzas de cada uno, se hace imprescindible un cambio de rol. El que era líder no querrá ser gregario, y el que era gregario, no estará preparado para ser líder. O habrá gastado ya demasiadas fuerzas, como Nairo en 2013.

Y ese cambio de roles puede producirse. Una primera semana como la que viene, puede dejar fuera de carrera, o hacerle perder bastante tiempo, a cualquier corredor. Sea por táctica, fallo individual, fuerzas, o falta de adaptación a ciertos terrenos, y con mayor o menor ayuda del azar (esperemos que no suceda nada como la caída de Frank Schleck en los adoquines de 2010), uno puede quedar fuera.

Y esa es la principal razón por la que Movistar debe apostar por presentarse no solo con los 2, sino con 3 bazas: Mikel, Nairo… y Alejandro. En la primera semana, hay terreno y unas elevadas posibilidades de que uno se quede fuera, y a partir de ahí, que los otros dos compartar el liderato para intentar desbancar al hombre más fuerte de la carrera, algo por otra parte, mucho más difícil si solo tienes una baza y tal hombre solo tiene que vigilarte y responder a un corredor.

 

Ni uno, ni otro, ni el capo. Los tres.