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La Gestión del Talento en Jóvenes Promesas

Son muchos los juveniles que estando en esta categoría, ya se consideraban, por ellos mismos, por terceros, o por ambos, estrellas mundiales. Este post surge del endiosamiento observado en torno a Remco Evenepoel. Yo mismo fui de los primeros en España en hablar de él, y tenerlo como un favorito top el año pasado antes de la manera en que ha masacrado carreras este año. Pero hay diferencias. Una cosa es observar y comentar las cualidades (y defectos, como las carencias en pelotón) de un ciclista joven, y valorar objetivamente que puedan ser elementos de clase mundial, y otra es endiosarlo.

La imagen puede contener: una o varias personas, bicicleta y exterior

Solo con el título del post, ya empezamos mal. Hablar de gestión del talento es hablar de un activo. Es ver a un juvenil, sub23, o incluso un cadete, alguno incluso menor de edad, como un bien valorizable cuya valía hay que aumentar para convertirlo en un portento deportivo, y no olvidemos, siendo deporte profesional, económico. Estaría mucho mejor hablar de GESTIÓN DE LA PERSONA. Eso es.

Para muchos, lo que hay que evitar que se pierda es ese talento. Hay que evitar que deje el ciclismo y el objetivo es simplemente, encarrilar su vida de manera que ese talento se desarrolle en el modo en que tiene que hacerlo para que se transforme en una figura del deporte exitosa, que saque partido a su deporte. Pero no es así. Lo que hay que evitar es que se pierda la persona. Que ese talento se la coma, la transforme y pierda ciertos valores, principios y estilo de vida, que son los que, por sí solos, van a llevarle al éxito.

No se trata de ver qué equipo es mejor para que tal o cual juvenil que ganó 3 etapas y la general en el Lunigiana se desarrolle y las gane en el Tour. Ni siquiera una vez que son u23. Se trata de observar a la persona y ver qué necesita. Puede que se trate de un colombiano de 17 años al que no conviene sacar de Colombia aún por períodos superiores a dos meses ni mucho menos separarlo de su familia. Puede que se trate de un ídolo de masas belga a su edad, hijo de un afamado ciclista, que lo que necesite sea salir de Bélgica e ir a un ambiente en el que no lo tenga todo hecho. Puede que simplemente sea un chico normal que pueda seguir en su casa, con el modelo tradicional de desarrollo (pasar de juveniles a u23, estar un par de años o tres como amateur y luego dar el salto). Cada caso es un mundo, y debe ser tratado individualmente, buscando el desarrollo de la persona y no del deportista exclusivamente, pues solo de esa forma, el chaval no colgará la bicicleta hastiado a los 22 años, no será un prepotente al que tal prepotencia descarrile, ni vivirá una vida problemática.

Image result for matxin hodegNo es necesario tampoco que el proceso lo guíe un experto. Pero sí que es cierto que es totalmente necesario alguien con cualidades de Coach. Especialmente cuando el chaval aún es juvenil o está en su primera o segunda temporada u23. Alguien que sepa guiarle, pero no como un profesor de la escuela que establece un programa recto, sino alguien que sepa dar el consejo en el momento, que esté disponible para ayudarle y no vaya a desatender sus necesidades, y sobre todo, alguien a quien el chaval, por sí solo, se vea con confianza para pedirle ayuda o consejo, o información por iniciativa propia, sin que salga en un primer momento del Coach.

AGENTES INFLUYENTES. En el desarrollo de un joven talento, intervienen principalmente 3 círculos de agentes: Primero, uno mismo. Segundo, un círculo directo. Tercero, un círculo indirecto, totalmente externo.

En cuanto a uno mismo, no hay donde tocar. La personalidad es la suma de genética y una evolución hasta entonces de 16-18 años, que es prácticamente imposible de modificar en 1-2 años y solo cambiará bien en la madurez de la carrera, si se alcanza, bien por algún punto de inflexión drástico. Puede tocar ser un auténtico caballo de carreras en que confluyan la pasión por el ciclismo, la autoexigencia, la capacidad de esforzarse, la perserverancia, el buen trabajo en equipo y buenas relaciones sociales y otros valores positivos para ser un gran deportista. O puede tocar ser un chico al que no le gusta el ciclismo pero lo practica por que es lo único que se le da bien o el padre le obligó, sin capacidad de esfuerzo, compromiso, desdén por el esfuerzo debido a un talento natural que le permitía ganar en categorías inferiores sin mucho trabajo…

En cuanto al segundo círculo, éste se compone de padre y resto de familia, directores y compañeros, y amigos. Y por desgracia, a estas edades, salvo en algunos casos, representantes. En tanto a los padres y resto de familia, como la personalidad propia, no hay remedio, es la que toca. Pero pueden tratarse. Por iniciativa del propio hijo, que separe un poco a sus padres de su actividad. Por iniciativa de terceros. Un buen entrenador o director siempre tiene que dejar claro que el “jefe” y las únicas opiniones y órdenes que deben importarle al chaval, una vez se viste de ciclista y coge la bicicleta del equipo, son las del director. Hay padres y padres. Algunos quieren que su hijo sea una estrella, y se comportan como agentes sin escrúpulos, otros, quieren que sea un gran deportista también, pero lo desarrollan como persona, no obligándole a entrenar, gritándole tras carreras ni firmándole contratos sin su opinión, sino dándole las opciones, medios y herramientas para que el chico haga lo que quiera. Un buen padre, a un chaval en categorías de base, le deja claro siempre que puede ser ciclista si quiere, como si quiere practicar fútbol o baloncesto, que es un juego y practique el que quiera. En juveniles, un buen padre ayuda al niño en lo que puede. Sin equiparlo para el Tour, y siempre en línea con el equipo, le apoya en material, viajes y otros aspectos, y en función del equipo y la tenencia de un director más flexible o menos, puede darle consejos, pero siempre como padre, no como entrenador ni agente. En sub23 debe saber apoyar al ciclista, aunque principalmente, la iniciativa debe salir de éste y no de los padres. E, imprescindible, un buen padre nunca le aconseja, dirige, ni ayuda al niño a seguir un camino para ser profesional dejando de lado otras opciones formativas y de futuro. Al menos, no mientras que el chaval no sea uno de los ciclistas tops mundiales de su categoría a nivel internacional en cuyo caso esté bastante claro que puede  y no solo quiere ser ciclista. Pero siempre, una vez más, la elección debe ser del chico, igual que no debe serlo, la de seguir una formación paralela, algo sin lo que ningún equipo de juveniles o u23 debería fichar a ningún chaval de menos de 22 años. En cuanto a los otros agentes del círculo directo, los amigos funcionan prácticamente como la familia. Éstos son, sin embargo, elegidos por el chaval, y sus mayores influencias se producen en el estilo de vida. Un chico tiene que divertirse, y no puede encerrarse en casa para dormir, comer, entrenar y descansar. Lo bueno que tiene el ciclismo, es que en general, solo llega el que puede, quiere, y le apasiona este deporte en su día a día, por lo que poco a poco, a la vez que el tipo de planes que se hacen como amigos va cambiando, el chico va regulando a qué planes puede y no apuntarse, o apuntándose qué cosas del plan puede y no puede hacer si realmente le gusta el ciclismo. Hay casos y casos y a otros hay que aconsejarle. Cortar por lo sano es la peor elección, es como cortar la alimentación de lleno a una persona que no consigue alimentarse bien. No salgas con ellos es el peor consejo. Lo mejor es hacerle razonar: Mira, puedes salir perfectamente con ellos hoy, vas a la discoteca, vuelves a las 1 en vez de a las 6, o aprovechas para ir más a la discoteca en invierno y menos en temporada, vas y no bebes alcohol por que éste va a estropear todo el trabajo que ya has hecho… Y otros consejos que lo que hagan no sean cortar al chaval, sino que el mismo vea que no tiene que renunciar a tener amigos, sino simplemente a realizar algunas cosas de los que ellos hacen (probablemente por convencionalismos sociales y por que no tienen nada que les llene, como el ciclismo). Otras veces, muchas, es incluso menos problemático. Tras viajes, carreras, y entrenos, las amistades se suelen circundar al mundo del ciclismo, y así es más fácil, igual que si tu pareja también es ciclista, pero esto debe ser todo algo involuntario y no un artificio creado por voluntad propia.

En este segundo círculo nos encontramos también a directores, agentes, y representantes. No está mal que estén. Pero ojo. Una vez más, el niño es persona, no un activo inmobiliario. Hay que impedir el proceso en el que un agente, o varios, se acercan a un niño, chaval, o ya u23, o a muchos, y simplemente los meten en cartera. Buscan tener a “300” jóvenes por los que no gastan un minuto, y a los que sin embargo, si surge, comprometen a contratos, mandan aquí o allá, y se despreocupan de ellos. Tampoco es bueno el caso en el que un supertalento se ve totalmente llevado ya por un agente. Es una edad a la que el desarrollo puede ser elevadísimo y rapidísimo, y muchos agentes cogen a estos talentos y los manejan sin su opinión, mirar su futuro ni preocuparse por sus posibilidades. Prefieren a lo mejor un equipo en que cobre más y les derive un mayor pago en su agencia, que un equipo que de al chico el calendario correcto y opciones de desarrollo. No han sido pocos estos años. A veces, vinculan al corredor a contratos de 3, 4 años, por la simple razón, de que saben que tras dos años (el máximo período que firmar un corredor con un Rider Agent), el corredor firmará por otro agente y entonces firmando cuatro años, esos dos años de más que exceden el contrato Agente-Corredor, se siguen pagando al Agente que propició la firma de aquel contrato. Hay que tener mucho cuidado con los agentes. Lo ideal es que este no persiga al talento, si no al revés. Una vez que al chico, si verdaderamente vale pasará, le lleguen ofertas, si padres y ciclista no se ven cualificados para analizarlas, algo normal por la especificidad de estos contratos, pueden buscar consejo. Si son ellos quienes toman la iniciativa es menos probable que el agente contactado, abogado, o consejero actúe en su propio beneficio olvidándose del del talento.

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Autoexigencia es lo que mostró Consonni en Richmond. Triste tras su derrota no por arrogancia o mal perder, sino de manera constructiva, sabiendo que podía haber ganado, trabajando para hacerlo en la siguiente ocasión.

En un tercer círculo tenemos a agentes indirectos. Estos son los fans y los rivales. Son un gran condicionante. Los rivales, más que como modificadores o influyentes en el talento del joven ciclista, funcionan en otro doble sentido. Por un lado, en función de la cantidad y calidad de éstos, al talento le será más fácil o difícil arrasar y ello influirá, además de en facetas deportivas como la inteligencia en carrera o la gestión de energías, en que gane fácil o no lo haga, y servirá como modulador de observación de su personalidad. Viendo como afronta tanto una derrota como una victoria, podemos conocer parte de la personalidad de un chico para que aprenda a gestionarla, evitando la agresividad, arrogancia, o el no saber perder, cuando estos sobrepasan la autoexigencia constructiva y la objetividad sobre las propias cualidades. No está mal que un chico se enfade por no ganar, siempre y cuando sea de manera constructiva y en base a una autoexigencia (no externa), que provenga de la reflexión de que no ha ganado y no lo ha hecho por tales errores y tiene que mejorarlos. En el otro sentido, no es lo mismo ganar fácil que sobrado. Como ejemplo, en el máximo nivel, nunca se gana fácil. El nivel es altísimo y lo que hay que rendir para ganar llega a un tope harto complicado. Pero sí que se gana a veces sobrado, se meten 3 bicicletas en un sprint o se saca 1′ en un puerto o una contrarreloj. Eso no es ganar fácil, sino sobrado. En edades jóvenes, puede ser que por el rango geográfico de participantes en las carreras, en tal época no haya suficientes ciclistas de calidad similar al joven talento, y entonces éste no gana sobrado sino fácil, sin esforzarse al máximo y sin adquirir valores de esfuerzo y autoexigencia (además de exclusivamente deportivos como dijimos antes). En estos casos, hay que hacer que el ciclista comprenda que mañana puede competir en un rango geográfico (o incluso llegar al mismo nuevos ciclistas o desarrollarse los existentes), en el que sí los haya. Y puede que ese día no gane. Y no pasa nada. Probablemente será mejor para su desarrollo hacer 3º o 4º en un pelotón de calidad, que ganar con 3′ en un pelotón sin ningún rival similar.

Incluimos en este tercer círculo también a los fans. Por desgracia, las redes sociales, el mundo 2.0, y la globalización de la información han provocado, además de elementos positivos, otros negativos. Así nos encontramos con juveniles que ya tienen fans. Y no en su localidad. No pasa nada por que la familia y amigos cercanos de un ciclista se denominen sus followers, fanclub o supporters y le visiten incluso en carreras importantes para su vida como pueden ser un Mundial o una Vuelta de la Copa de las Naciones. El problema, es que hay elementos que ya incluso, desde otros países, crean clubes de fan o twitters related to de tales ciclistas, sin siquiera conocerlos (y a veces una vez más como un activo a largo plazo, por si son el próximo Sagan). Ésto, además de una distracción innecesaria para el ciclista, puede suponer su endiosamiento y en función de la personalidad del ciclista, afectarle en mayor o menor medida.

ECONOMÍA es una palabra que a mí siempre, con juveniles sobre todo, me gusta dejar al margen. Incluso en el primer contrato WT o PCT de un corredor, la economía debe ser el último aspecto a considerar. Un corredor joven, nunca de los nuncas, jamás de los jamases, debe guiarse por qué equipo le dará un mayor salario, beca o ayuda, un mejor material, o le dejará quedarse íntegramente los premios. Lo principal debe ser el desarrollo. Si en serio el ciclista quiere ser en un futuro un ciclista importante, tiene que pensar a largo y no a corto plazo. De nada sirve correr en un equipo con mejor bici, salario y primas si ello te va a obligar a alejarte de tus padres y familia (algo que puede ser bueno en algunos casos, pero en juveniles no en la generalidad), a reventar con demasiados días de competición y a no tener oportunidades personales. Por otro lado, mientras que algunos casos del Fútbol criticaban no el pago a los chicos, sino el ofrecimiento a padres de oportunidades de trabajo, casas y otras opciones en el lugar del club, eso no va a suceder en ciclismo por que en general no hay tanta masa económica, pero sí que no veo mal que equipos top de desarrollo ofrezcan posibilidades a familias de sus ciclistas, siempre y cuando éstas posibilidades no alcancen el punto de que la situación socioeconómica de la familia pivote sobre el chaval, lo que puede suponer una presión excesiva e innecesaria para él.

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Sivakov es uno de esos casos de talento incuestionable, pero que prácticamente desde su entrada en juveniles lleva una vida muy tecnificada.

MEDIOS Y HERRAMIENTAS. En este aspecto siempre lo he tenido claro. El público siempre ha sonreído irónicamente ante la defensa de los Marginals Gains por parte de Sky. Yo sí creo en ellos. Y creo por que se que solo hay dos grandes condicionantes que influyen en el gran porcentaje del rendimiento: Entrenamiento (que incluye evidentemente la nutrición y el descanso) y Motor (cualidades innatas). Solo los que tienen de lo segundo llegan a lo más alto, por más o menor tiempo y con más o menor éxito en función de su ejecución del primer pilar, el entrenamiento.

El resto, todo son marginal gains. El margen que esos dos pilares dejan al resto de ganancias, es un sumatorio amplio, pero no inmenso, compuesto de elementos diversos. Desde la biomecánica, que puede ocupar un % importante, hasta llevar o no el garmin inclinado y bolas o no en los hombros de un buzo contra el crono.

De este lado, siempre lo he tenido claro. Un chaval no puede abogar por los marginal gains. Debe olvidarse, en edades demasiado jóvenes (en u23 ya no) de entrenadores con trabajos específicos que vayan más allá del trabajo de base y algunos consejos, de concentraciones en altura, hasta que compita a cierto nivel también de potenciómetros, por supuesto de pinganillos…

Gradualmente, debe ir aprendiendo a entrenar de verdad, a creer en su motor y a usar elementos básicos, como conocer como le sienta bien una pretemporada, el trabajo de gimnasio o hacer cruzada natación.

Sin un chico de 16 años, ya hace concentraciones en altura, sigue un entrenamiento específico, tiene un buen nutricionista, conoce a la perfección el manejo de los vatios, y sigue una suplementación…. No le quedará margen de mejora apenas cuando le toque dar el salto de nivel. Y se estancará. Habrá falseado su motor, y mostrado que era mejor ciclista ante otros que no usaban estos medios, y que sin embargo, pese a andar menos en ese momento, en el momento que los usen, sobrepasarán el nivel del anterior.

Formación, adaptación y desarrollo de elementos básicos sí. Perfeccionamiento no.

Por último hay que tener en cuenta una cosa. Por muy desarrollado que esté, y aunque los términos chico, chaval, niños, chavea, joven y otros tantos puedan usarse para unas u otras edades en función del contexto, hay una barrera inamovible. La de la mayoría de edad.

MAYORÍA DE EDAD. Hasta que un chico es mayor de edad, esté lo desarrollado que esté, y haya sido Campeón del Mundo o Europa, es un niño. Y ahí está la Convención sobre los Derechos del Niño para protegerlo. Su interés superior es clave, es lo primero que debe salvaguardarse en cualquier situación y debe de primar sobre el resto de elementos. Esto incluye desde las decisiones que tome un tribunal en un divorcio, hasta la regulación administrativa de las instituciones que interactúen con los niños.

Entre otros puntos de la convención como el derecho a ser oído, o la responsabilidad de los padres, en lo que nos concierne importa de manera vital el artículo 32 referido al trabajo de los niños.

Y aquí, es harto importante el primer apartado, que define el artículo

“1. Los Estados Partes reconocen el derecho del niño a estar protegido contra la explotación económica y contra el desempeño de cualquier trabajo que pueda ser peligroso o entorpecer su educación, o que sea nocivo para su salud o para su desarrollo físico, mental, espiritual, moral o social.”

Así, si las decisiones tomadas para su desarrollo como ciclista implican dejar los estudios, competir más de la cuenta, una situación de sobre estrés, o producirle problemas psicológicos, esa decisión debe ser descartada y revertida (lo ideal es que no llegue a tomarse) de inmediato.

Una vez el joven cumple la mayoría de edad, puede decidir por sí mismo, y la responsabilidad de los padres se diluye, pasando a ser consejeros en la medida en que ambas partes lo deseen antes que los guías y tutores del niño.

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Debemos terminar con una conclusión clara. Un joven, por mucho talento que tenga, no es un hombre. No está hecho, y por mucho que mueva los vatios que pueda mover un veterano, aún ni ha alcanzado el 25% de su vida y es improbable que sepa a ciencia cierta como guiar su devenir y cuál debe ser éste. Un joven es siempre muy complejo, y por mucho talento que haya, la persona tiene que ir siempre por delante que el deportista, y las pruebas lo refutan. Casos recientes, muy dispares, de supertalentos con situaciones peculiares son los de Adrien Costa, Campbell Flakermore, Daan Olivier, Lecuisinier, Lennard Kamna, cientos de u23 en el mundo, el tristemente fallecido Grabovskyy… Son casos muy diversos en los que la injerencia de terceros o la propia personalidad, siendo talentos exitosos de jóvenes, han dado lugar a diversas consecuencias. Desde dejar de competir apenas unas semanas, a un año, de manera indefinida, para siempre, o incluso tener problemas con la bebida. Tenemos casos como el Van Aert, que no ha sabido entenderse con Nuyens desde que nació el equipo y que ha rescindido su contrato con ellos. Que va a ser patrocinado individualmente por Cibel, con el coste de la desaparición del equipo CT en 2019. Tenemos el caso de Iván Sosa, al que un agente y su equipo trajeron de Colombia, le pagaron billetes de avión, le acogieron en casas, le dieron equipo, calendario, en Italia… Y cuando ha llegado el momento de dar el gran salto salarial, ha cambiado de agente incluso faltando al acuerdo firmado con los agentes anteriores y Trek Segafredo. Sosa ya era mayor de edad, fue unos días tras la Vuelta al Porvenir de 2015. Tomo una decisión, y su palabra no la ha cumplido, lo que ahora sabe todo el mundo. De haber sido menor de edad, aún tendría la excusa de que no pueden considerar que por darle posibilidades y acogerle, les debía lealtad vitalicia. De hecho, solo con los representantes podría haber problemas. Nada con Savio. Savio lo fichó y Sosa no le debe nada, pues Savio lo empleó como ciclista profesional y lo usó mientras tenían contrato. Resuelto éste por su término o por cualquier cláusula, no le debe nada. Está claro que Acquadro ha visto que si firmaba un contrato mediante Alberati con Trek por varios años, por mucho que el que viene comenzara él a representarle, las ganancias como agentes seguirían yendo al Rider Agent que firmara el contrato entre Sosa y Trek, perdiendo tres años de % sobre un jugoso salario del colombiano. También a Pidcock le hemos visto coger y soltar caramelos. Romper un contrato que ni había comenzado con Fidea para correr con un equipo cuasipropio. Casos y casos, diversos y diversos, en que jóvenes, aún u23 en muchos casos, toman decisiones reservadas a mayores. 

Son niños. Son personas. Luego ya, si eso, son deportistas.