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Primeras 2 semanas en Pamplona.

Quizás sea solo la novedad. Quizás tenga que ver con mi segundo apellido, Navarro, cuyo origen está en unos caballeros de Navarra instalados en Aragón en el siglo XII. O quizás no sea transitorio, la novedad, y tenga que ver con algo más allá de la adecuación de un apellido.

Ya os conté que me venía a vivir a Pamplona en éste post. Ya estoy aquí. Llevo 2 semanas, y he de deciros que me he enamorado del lugar. No sé. La gente se empeña en que una media naranja tiene que ser una pareja, una persona que te complemente, y “te haga” feliz pero yo siempre he pensado que no debe ser así. Creo que debemos ser feliz por nosotros mismos, como individuos, y después, bienvenido sea si encuentras a alguien compatible con quien compartir tal felicidad, que no hacer depender la de cada uno del otro. Como individuo, el lugar, el trabajo, el tiempo libre, las aficiones y más elementos determinan que alguien sea o no feliz. Yo creo que he encontrado un lugar en que de momento lo soy, y en que creo que lo sería por mucho tiempo.

Pamplona es diferente. Diferente a los sitios en que he vivido, aunque claro, solo puedo compararlo con Sevilla, Huelva y Cartaya. Os voy a contar…

EL VIAJE

Inflen un globo. Píntenle dos ojos y una sonrisa. Desínflenlo. Podrán observar que la cara es amorfa, ilegible. Vayan inflándolo. Verán que poco a poco la sonrisa recupera su forma, vuelve a ser identificable. Así me sentía yo conforme los kilómetros subían en el marcador del coche, mientras la latitud de mis coordenadas iba subiendo. Al pasar por Béjar algo se revolvió. De allí eran Heras y Cubino. Al pasar por Burgos pensé dónde quedarían las Lagunas de Neila  y la llegada de las ruinas de Clunia. Poco a poco, salvo tramos como Valladolid, el secano daba lugar al verde, las planicies a los montes, y un viento que habría dado para hacer abanicos y reventar cualquier pelotón incluso lleno de belgas, me azotaba. Todo autopista, llevadero, una parada en Salamanca para repostar y a seguir. Bueno, todo autopista menos unos pocos kilómetros entre Burgos y Logroño, donde cogí una nacional con la excusa de ver pueblecitos y salir de la pista. Excusa. La realidad es que como dirían Pinot o Bardet decidí “faire l’economie” y me marqué el tieserío de coger por allí por desconocer el precio del peaje de la pista de Vitoria. 8 horas, 900 kilómetros más tarde, estaba en Pamplona.

Había pillado una habitación en AirBnB para las primeras noches, pero no pasé allí ni la primera. Vi un estudio que estaba muy cerca del trabajo, incluía los gastos y WI-FI, y vieno como estaba el mercado de alquiler, supe que no iba a encontrar algo mejor, así que esa misma tarde me instalé ya donde ahora sigo. Un bonito estudio que va sobrado para 1 persona, limpio, nuevo, caliente, equipado y con una cama de 30 metros de ancho.

LAS 3 DIFICULTADES

Cuando dije que me venía a Pamplona, con cierto aroma a ocho apellidos vascos, la gente me dijo que tendría tres dificultades. Todos me hablaban de una, dos, o las tres. Que si la gente es muy seca. Que si el tiempo es muy frío. Que si el euskera. 

En primer lugar, tranquilos. Ya puedo haber establecido comunicación con más de 350 personas. De todas ellas, solo una me habló en euskera. Y al ver que no entendía, cambió corriendo sin problemas al castellano. Existen muchas expresiones, y los carteles incluyen indicaciones en euskera bajo el castellano. Pero nadie me ha dejado de hablar ni he tenido ningún problema por que solo quisieran hablarme en euskera. Es más. Tampoco les veo hablar en euskera entre ellos salvo contadísimas excepciones. Claro está, más allá de palabras y expresiones, que tengo que confesar, incluso me gustan.

Me dijeron también que pasaría frío. Y la gente de aquí también me lo dicen. Me avisan, preavisan y vuelven a hablar de que el Invierno en Pamplona es muy frío, pero digo yo que en Finlandia hará más frío y allí vive gente. Nunca me he quejado de los 45º en el Agosto sevillano. No creo que lo haga de -2, -5 o -7º en Pamplona. Son cosas que nosotros no podemos cambiar y ante las que solo queda combatirlas,  y para eso está la ropa.

Eso sí, cara, la de abrigo de verdad. Se aceptan culottes y maillots de invierno. 

Y la tercera dificultad sería la gente. Me decían. Que aquí la gente era muy seca. Nada más lejos de la realidad, la acogida ha sido exquisita. La gente es amable, educada, y simpática, te integra, y se ofrece a ayudar. Es más, hay una cosa que me ha sorprendido. ! La gente tiene personalidad ! En el sur, existe durante la última década una crisis de personalidad en la juventud preocupante. Alarmante. No existen personas. Existen grupos. Cada 2-3 años se configuran categorías de jóvenes (canis y pijos, surferos, hipsters, raveros, fumetas, emos y todas sus variantes) y cada joven se encuadra dentro de uno de esos grupos y asume sus modos. Todos los miembros de un grupo son iguales. Visten igual, hablan igual, tienen las mismas aficiones (que suele ser ninguna), hacen las mismas cosas, y es más, se divierten igual. Y es más, ésto último incluso lo hacen igual todos los de todos los grupos, solo cambiando la sustancia con la que pierden parte de la consciencia y se inhiben para hacer cosas que no se atreven en condiciones normales, de las que no se acordarán al día siguiente al 100% y por las que pagarán un dolor de cabeza y/o estómago al amanecer. 

Allí costaba incluso reunir a 10 jóvenes para un partido de fútbol sala a partir de los 14 años. Aquí, el otro día, el del Pilar, en lugar de estar dormidos todos en casa tras una borrachera, salí en bici y vi cientos de jóvenes practicando aficiones. Unos haciendo una especie de Skimmo con patines, otros en bici, otros con sus familias en el monte, otros haciendo BMX, otros en la montaña, un grupo cazando…

En Andalucía, hace tiempo, que no encuentro a jóvenes con personalidad. Ojo, no hablo de hipocresía, hablo de tener personalidad. Aquí, me he encontrado, al menos de momento con que cada uno de los jóvenes que he conocido tiene una historia, forma de ser, vestir y divertirse muy propias, individuales y características. !Aupa! 

LA BICI

Evidentemente vino conmigo desde el primer día. Viajó sobre el techo de mi coche. Se bajó del mismo solo un minuto más tarde que yo. Y aunque venía con la idea de que tardaría unos días en cogerla, al día siguiente ya lo hice. Y ya subí mi primer puertecico pequeño, Erro. Me pegué a un viejo lobo. Un máster 70 que no iba mal, y me puse a charlar con él, que me enseñó Erro y me indicó el desvío a Errea, donde nos separamos. Yo subí, él se volvía a Pamplona. En 2 semanas han caído 35 horas, 850 km y 13.000 metros de desnivel. 

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Tengo la suerte de que la mayoría de los días trabajo a partir de las 11 u 11:30, lo que me permite salir temprano a las 8 y hacer un par de horas tranquilo con margen después para ducharme, comer algo e ir sin agobios al trabajo, donde rindo mucho más tras activar entrenando por la mañana (España mejoraría mucho en productividad si se entrara más tarde a trabajar y se hiciera ejercicio antes). Así, que entre eso, y los dos días libres con rodadas largas, puedo disfrutar de la bici.

Y es que esa es una de las razones por las que elegí Pamplona. Y no me equivocaba. Es más, ha superado mis expectativas. Es la auténtica caña. Afición, terreno, afición, terreno. La última pega es que no asfalten el Monte Ezkaba, cuyo asfalto está hecho una pena. Sería espectacular, pero creo que tendremos que esperar para ello a que se celebre un mundial de ciclismo en Pamplona y decidan terminar la CRI tipo Bergen. Carreteras preciosas, con vacas (de las de verdad, las blancas con manchas negras), rodeadas de verde, bosques, valles que parecen mundos apartes, cerrados, ríos de cuya presencia no te percatas, cual si hubiera alguien mirando pero no supieras donde, un Arga que cruzas aquí y allá y no sabes como da tantas vueltas, verticales para señalar la altura de la nieve, gente aquí y allá en el inicio de su Camino de Santiago, pueblos preciosos cada uno único, cientos de desvíos a la izquierda o derecha de la carretera que conducen a subiditas cortas para el trabajo del Vo2max, o más largas, de 20 minutos. 

Una auténtica pasada. Ya en los vehículos se nota. La gente vive de otro modo. 2 de cada 10 vehículos en las calles cercanas a mi casa, sino más, tienen portabicicletas. Y los coches ramdon han dado lugar a otros muchos más prácticos. Familiares, portabicletas, y mucha, mucha, mucha caravana. Me encanta. Tanto es así que desde que llegué no he desmontado el portabicicletas del techo y aún sigue ahí. En Sevilla, la primera noche me lo habrían quitado y estaría ya vendido en Wallapop. 

Como anécdota, en uno de los entrenos me cayó la del tigre. Estaba en la cima de Goñi, a 30 km de casa. Y tenía que bajar Azanza, ir hacia Ororbia y luego hacia Pamplona. Me caía la del tigre y la cosa se ponía cada vez más negra. Pues bien. Primero una furgoneta de unos trabajadores se ofreció a llevarme a Pamplona. Después otro, quería que me llevara una cazadora Helly Hansen nada más y nada menos que tenía en el maletero. Que ya nos volveríamos a ver y se la daría decía. Que me la llevara al menos para bajar Azanza. En la vida un coche se había parado a ofrecerme ayuda nunca. En un día, lo hicieron dos. 

Tranquilos, ya me compré dos luces en Decathlon, monté mi discocleta y a entrenar. 

Las salidas molan todas. Desde ir simplemente a Etxauri o Errea o Erro y vuelta, hasta perderme y acabar subiendo Egozkue, Artesiaga, Erro y Aintzoa, o abortar la subida a San Miguel de Aralar por el riesgo de lluvia, volver bajando el recién subido Zuarrarrate, subir Goñi, que me cayera la del tigre arriba, bajar Azanza diluviando y volver 30 km bajo la lluvia la misma semana en que se disputa el Lombardía. Nunca me ha gustado la lluvia y no salía en cuanto había una gota. Me metía en el gimnasio y aprovechaba para recuperar. He de decir que aquí me da algo más igual. También es más limpia, y no levanta suciedad del suelo. Se ve en cubiertas y llantas, es solo agua. 

Otra cosa que me ha gustado mucho es mejorar bajando. En dos semanas, he mejorado más que en 8 años. Bajando se aprende a bajar. Y seguro que también tiene que ver el estado de las bajadas aquí y que todas están, hasta ahora, bien peraltadas. En los 5 kilómetros del descenso de Errea, por coger un descenso que haya hecho varias veces y por tanto conozca, entre el primer fin de semana y el segundo, me he bajado el tiempo medio minuto, que en una bajada de seis minutos es una burrada. Y eso que bajo con mucha seguridad y precaución por que he venido a trabajar y no es plan de caerme. 

LOS PUERTOS

He subido ya varios. Aquí, tampoco es que haya mucho puerto de 40′, 1 hora, aunque los hay no muy lejos, pero tampoco son necesarios, se entrena mejor en puertos de 20′. Y de esos, sobran:

EZKABA nace de la misma Pamplona. Desde Artica, al oeste de la ciudad, pero tiene un asfalto destrozado que la hace impractible para la flaca. Lo subí el primer día desconociéndolo, subí más rápido de lo que baje y no he vuelto a subir. Ojalá lo asfaltaran. Al menos, el primer kilómetro está bien y es perfecto para hacer series de 2-3′ a 2 kilómetros de casa.

ERRO es un básico. A 30 kilómetros de Pamplona subes su vertiente norte y bajas la sur. Con otros 30 kilómetros ya estás en casa. Es una subida bien asfaltada, la primera que hice, corta, pero que progresivamente aumenta de un 3 a un 6-7% y con un descenso bueno para coger confianza. Para activar un poco los días de soltar piernas es perfecto. 5’36 km al 5%. 11’33” para Bizkarra, 14′-16′ para los mortales

ERREA queda aún más cerca. Se inicia a 18 kilómetros de Pamplona, es más duro, tiene una carretera más escondida, estrecha, verde y bonita, y me parece perfecta para hacer series. Mi favorita. 5’10 km al 7%. Ya estoy el 115 en Strava con 18′ y creo que puedo bajar a 16′, siempre he tenido viento de cara. 

ETXAURI probablemente sea el mejor para las series. 6’65 km al 6%, 16’39” para Henao, 18-20′ para los mortales. Se inicia en el pueblo del mismo nombre, y casi desde el principio, ves la recta final, dura cuando sopla viento del sudeste, pero perfecta para medir la progresión final. Tiene además un microclima que los primeros días que lo subí, era la zona más templada que encontré. 

ZUARRARRATE es una burrada. Lo subí por casuística, buscando la carretera más secundaria que hubiera para llegar a Lekunberri desde Irurtzun. Es una pasada, por que abajo, es húmedo, verde, escondido, boscoso y con muchas curvas. Y de repente, se abre coronando y tienes todas las vistas de un valle precioso, abierto hasta Alsasua, una chulada. No os lo perdáis si os acercáis. 7’10 km al 5%. Perfecto para calentar antes de subir a San Miguel de Aralar. 

GOÑI es embaucador. No solo la subida, sino todo el valle de Ollo, si es que se llama así lo que dejas atrás mientras subes y se abre en alguno de los balcones. Parece un lugar aislado del mundo. Como si las montañas encerraran algo de magia en ese valle separándolo de la autopista entre Vitoria y Pamplona. Allí puede oírse el silencio,  encontrarse a uno mismo, y puede desatarse una tormenta mientras fuera del valle luce el sol. Viceversa, me da la sensación, es más complicado. Subí Goñi, que enlaza curvas en una subida no tan bien asfaltada como las del Norte de Pamplona, pero en buenas condiciones y sostenida. Son 9 km al 4% o 5’3 al 5’5%. Arriba, sales al pueblo, y puedes volver al valle por la misma subida, bajando Azanza, puerto que tengo pendiente, o saliendo hacia Guembe y volviendo por la trasera de Etxauri. 

EGOZKUE ha sido una de mis gratas sorpresas. No la tenía en mi lista antes de venir, y solo la encontré con el explorador de segmentos de Strava, aunque dudo que hubiera tardado en enseñármelo alguien. Decidí afrontar el norte por otra general. En vez de la carretera a Zubiri, la de Irún, y tras probar el desvío y cuestecita a Zandio y volver a la general, llegué al desvío de Olague. Allí, a la derecha, hacia Zubiri, me encontré con una subida que comenzaba como muchas otras, pero que tras pasar el pueblo del mismo nombre accedía a una carretera mucho más cerrada, estrecha, verde y revirada. Con tramos algo más duros, pero sostenida, y que sale a otro valle, también chulo, para tras el descenso de la otra vertiente, dirigirme a Eugi y subir Artesiaga pero eso vendrá ahora. 7’7 km al 5%. 

AINTZIOA es un pueblec”ico” al que se sube desde el valle de Erro también muy guay para completar un entreno y no volverse directamente a Erro. Una subida muy tranquila y sin coches. Por sumar.

ARTESIAGA puede que sea el puerto más bonito que he subido y el primero de ellos que ya pueda llamarse puerto, pues ya pasa algo más de la distancia de los demás. 18 km al 2%, con los últimos 6 km al 5% y los últimos 2’5 km al 8%. Precioso, sobre todo desde el desvío, desde donde verdaderamente yo consideraría su configuración oficial. 40 km desde Pamplona. 47 desde casa. Y las ganas que me han quedado de bajar a Irurita y volver a subir, por la otra vertiente. Puede que la próxima suba la otra vertiente de Egozkue, llegue a la general de Irún, de ahí a Elizondo y e ahí suba Artesiaga desde Irurita. Puede ser. 

PENDIENTES

3 cosas que me haré próximamente:

  • Llegar a la frontera francesa y volver.
  • Subir a San Miguel de Aralar, cuyo inicio ya me pareció precioso.
  • Subidas pendientes: Azanza, Guembe sur, Lizarraga, Urquiaga, y Mezquiriz.
  • Artesiaga por Irurita, Lindux, Ibañeta.
  • Ir a conocer Arkale y Jaizkibel. 

ENCONTRONAZOS CON LOS POLICIAS

Ya he tenido 3 conversaciones con la policía. Y también son mejores. Mis últimas 3 conversaciones con los cuerpos y fuerzas de seguridad cuando estaba en Sevilla se redujeron a:

  1. Un GC que nos echó la bronca y amenazó con denunciarnos cuando era él el que desconocía  el reglamento y que si el primer ciclista de un grupo entraba con prioridad en una rotonda se la concedía al resto del grupo.
  2. Un policía local que en Sevilla, quería obligarme a circular por el carril bici (diciéndomelo de malas maneras, y otra vez con la amenaza de una multa) cuando éste, en Sevilla, es una trampa mortal debido a su pintura ultradeslizante, verde, y la caída de elementos de los árboles que suele tener encima y que además, con sus raíces tienen todo el carril bici levantado, que para más inri, está rodeado de pivotes y otros elementos mortales en un accidente y choque con la cabeza.
  3. Otro policía local, de Salteras, que quiso también hacerme circular por un carril bici que se han inventado en el pueblo y diseñado de manera ridícula, con escalones, desapariciones e intermitencias

Aquí, he hablado ya con un policía municipal y dos forales, y con una diferencia abismal. El primero, me adelantó una mañana, a las 8, se salió en el siguiente cruce y me indicó que parara con el luminoso. Yo, temeroso lo hice y le saludé. Me imaginaba, acostumbrado a lo anterior, a que me abroncaría por la falta de luces y me amenazaría con una multa. Nada más lejos de lo normal, me dijo que no se me veía mucho, que tuviera cuidado, que fuera por la derecha, que hacia dónde iba que como estaban patullando les daba igual seguirme 10 minutillos hasta que terminara de alumbrar fuerte el sol, y que pusiera luces para la próxima. El segundo, me cogió nada más salir de casa. Era policía local y se dirigió a mí, me preguntó si iba a salir así y le dije que no. El día anterior hice un buen entreno y solo iba al parking trasero, amplio, público e iluminado a soltar piernas y oxigenarlas 40 minutillos antes de irme a trabajar. Se puso a hablar conmigo, amable, y me dijo que si algún día salía a esa hora pusiera luces. El tercero era simplemente otro policía foral, estaban haciendo un control, y al verme pasar me gritó !Aupa! y ya está. Ninguno de los tres mencionó las palabras “denuncia” o “multa”, ninguno actuó con actitud chulesca, y ninguno lo hizo desconociendo las normas por cuyo cumplimiento debe velar.

PAMPLONA ES LA LECHE!