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9 meses en Pamplona

Van a hacer 9 meses en Pamplona, y la sigo llamando Paraíso. Cuando llegué, me hablaron de que aquí el Invierno era más duro que en GOT y la gente más siesa que ojú. Pero illos, no es tan así.

Aquí hay gente como en tos laos, buena y mala, graciosa y seria, cerrada y no tanto. Y mucha gente de otros sitios que no son Pamplona. Un cliente médico, me contó uno de sus viajes a Sevilla, y de un chiste que le hizo un camarero, y de que solo allí saben bromear. Sí, y no. Allí bromea más gente pero también los hay que en lugar de serlo, se hacen los graciosos. Y esos no me caen nada bien. En mi vida he visto un programa de Florentino. Y el único específicamente “comediante” de la tele que me hace gracia es precisamente un valenciano, Arturo Valls. De hecho, me dio bastante vergüenza ajena una sevillana de Alsasua (no es un chiste) que me encontré en la calle mientras estaba con un navarro que es un tío 10, y quiso hacerse la graciosa.

Cada vez que me hacen un comentario respecto a mi tierra, me entran ganas de decirles…

Me hablas de esa mi tierra,
de guasa y cerveza fría;
¿Es que de menos no la echas,
a aquella tu Andalucía?

Dios mío si ellos supieran
¿qué yo les constestaría?;
si lo que tienen supieran,
cualquiera lo envidiaría…

Aquella tierrita mía,
bien sabe dios es mi tierra,
pero no es de Fantasía,

y aunque también sea buena
le matan las lejanías,
en Navarra todo está cerca.

Pamplona, encantandora, pero cara

La ciudad me sigue encantando. Tanto que le he cogido el gusto a algo que nunca me ha gustado: pasear. Sus murallas, la calidad del aire, y la limpieza de sus calles excepto viernes, sábados y domingo de madrugada, cuando las calles del centro son realmente asquerosas.

No es grande, y en un par de meses puedes tenerla dominada y te quedan pocos rincones que descubrir. Confirmo que no tiene nada que ver con ese sentimiento que te llena por el centro de Sevilla cuando, tras años y años en la ciudad, sigues descubriendo elementos de los que nunca antes te habías percatado.

Además, la ciudad respira deporte. Pocos meses pasan sin que haya al menos un par de eventos de bastante magnitud, deducciones por patrocinio deportivo realmente justas (en toda la CCAA, no solo en la ciudad), y un estilo de vida pausado, pero muy vinculado a la naturaleza.

Eso sí. Es cara. Cara con cojones. En Pamplona no puedes vivir dignamente si no te entran 1.500 euros mensuales netos, o vives en pareja cobrando cada uno 1.000-1,200 netos.

Los alquileres son carísimos, y la otra opción a que más de la mitad del salario se te vaya en alquiler son haber heredado una casa o vivir con tus padres (si eres de aquí), o meterte en una comuna, alquilando una habitación en un piso compartido con 3 personas que no conoces de nada.

Os confieso que en 9 meses, solo he tenido superávit un mes que hice la dieta de los cacahuetes y solo comí un par de bolsas de cacahuetes y algunos plátanos la mayoría de los días, es decir, 3’80€-5€ de alimentación diaria. El resto he acabado en números rojos, y eso que desde que vine, no he tocado carne, aguacate ni salmón, faltaría más. Salvo queso, claro. ¿Pero se puede vivir sin comer queso?

No es sostenible a medio largo plazo vivir en Pamplona sin los mínimos salariales mencionados. ¿Por qué lo he hecho? Pues bueno, hay gente que ahorra 2.000 euros al año y se lo gasta en ir a París a hacerse una foto con la Torre Eiffel y ver la Mona Lisa. Yo me los he gastado en poder salir cada día a hacer entre 2 y 6 horas de bici en un entorno inigualable. Con 11 puertos de 4-7 km que se coronan a menos de 30 kilómetros de casa (el más cercano, de 7km y coronado a 20’3 km). Y con 20 puertos de 4-15 km que se coronan a menos de 60 km de casa. Y con los Pirineos a nada de distancia (si tuviera pasta para gasolina, claro, jaja).

Unos se gastan los 2.000 euros ahorrados en ir a País, y yo no puedo ahorrarlos gracias a que en lugar de 5 días en París, disfruto de mi pasión de la mejor manera posible cada día. Me sale mucho mejor el ratio gasto-disfrute, ¡eh!

Pero igual que no puedes viajar a París cada año (a menos que tengas beca MEC por que tu padre defraude, no tengo nada en contra de los que la tienen justamente), no puedes vivir así eternamente.

El aspecto laboral

Una de las cosas que más gracia me hace, es cuando me preguntan qué hago trabajando como vendedor en un comercio habiendo estudiado un Doble Grado en Derecho y ADE.

Os cuento un secreto. He conocido a un criminólogo que gestiona una CEX y un grupo humano de más de 50 personas mejor de lo que lo haría cualquiera de los catedráticos que me dieron clases de Contabilidad, Finanzas, Recursos Humanos, Fiscalidad y otras materias relacionadas con el Comercio. Y a otro coco  que me sorprendió gratamente por capacidades y capacidad de trabajo y capacidad motivacional cuando dedicó toda su juventud a hacer largos en una piscina mañana y tarde. Ups. En realidad no me sorprendió. Yo mismo he estudiado 6 años en la Universidad y aunque es cierto que he obtenido una base tremenda, también es cierto que la he obtenido gracias a mi capacidad cerebral, sobre todo en procesos lógicos y de razonamiento, y que también la habría obtenido empíricamente. De hecho, yo mismo he testado en mis carnes que la capacidad de esfuerzo, sacrificio, la workload capacity, el commitment y el focusing son las claves del resultado.

A caminar se aprende caminando, a ir en bici sin ruedines, quitándoselos, y a comerciar comerciando.

¿Qué por qué trabajo aquí? Os contaré otro secreto: Durante la semana posterior al 6 de Enero tuve una de las experiencias más bonitas de mi vida. Siempre me ha gustado hacer regalos. Solo aprendiendo a derivar me he crujido más el cerebro que decidiendo regalos. El precio siempre me ha dado igual. Para mí lo importante era el valor. Y el valor nunca lo he medido en cuánto aumentaba el regalo el patrimonio de la persona receptora del mismo. Para mí su valor estaba en la felicidad que generaba en ella. Entradas para el ballet a una exnovia apasionada de la gimnasia rítmica y la danza. O a mis padres. No les falta de nada, sin ser ricos ni haber podido pagarme nunca lo que el MEC regalaba a un montón de hijos de padres defraudadores con un mes de estudios de inglés por Europa. Viajan, lo pasan bien con sus amigos, han podido pagarle los básicos de crecimiento a sus hijos (universidad, carnet de conducir y salir a socializar), y pueden permitirse comer patatas con sabor a huevo frito (aunque preferiría que no lo hicieran). Les regalé un cuadro retrato hecho por un amigo de ellos que estoy seguro que es uno de los bienes materiales más bonitos que tienen.

Me enrollo. Que me encanta regalar, vamos. Y durante la semana del 6 de Enero tuve una experiencia maravillosa. Llegué a sentirme Melchor, Gaspar, Olentzero unas semanas antes, y si la tuviera más grande o fuera más moreno, Baltasar. Durante una semana vi a niños jugar con bicicletas. Sonreír. Divertirse. Ser felices. Y tras ver los modelos de bicis, y los padres y abuelos (¡benditos abuelos!) que les acompañaban, sabía que esa bici la había preparado yo. Y que ese crío era feliz gracias a mí.

En mi clase estábamos la élite de mi generación que había estudiado letras. Otros eran los mejores jincando los codos. Yo era el mejor en los procesos de razonamiento. A la hora de los exámenes saqué el 90% con nota media 7’5-9, solo fallaba en estadística y matemáticas puras. A la hora de las prácticas, era el mejor. Sin rival. Nota media 10. Y varias matrículas de honor. Y también era el mejor elaborando apuntes-resúmenes. Mi capacidad de síntesis no era buena por que pudiera reducir. Sino por que reducía todo de manera que de forma deductiva, con la materia reducida a mi manera, podías deducir todo el completo de la materia. En realidad estos renglones solo eran para echarme un poco de flores. No está mal eso de ser el mejor en algo. A lo que iba es a que de esa élite de letras, salieron 3 grupos. 1) Los que no pudieron y se rindieron. 2) La mayoría, que ha acabado en consultoras y despachos (aún como juniors tras 5 años y todos despedidos o no renovados cuando ha tocado ascender) 3) Los que hemos decidido trabajar en algo que nos guste y nos permita tener tiempo de ocio. Los 2) cobran más, pero viven en una oficina de 8 am a 20 pm. Los 3) cobramos menos, pero somos cuasifelices.

Trabajo en lo que trabajo por que me gustan las dos ruedas, y quiero trabajar en sectores vinculados a ellas que me hagan felices. Comercio-bicicletas. Comunicación-bicicletas. Emprendimiento-bicicletas. Management-bicicletas. Jurídico-bicicletas.

Trabajo en lo que trabajo por que trabajo en una empresa en la que se respeta a los trabajadores, con sistemas de proyección profesional, en la que trabajas rodeado de gente similar a ti con un porcentaje de siesos y harpías infinitamente menor al de empresas con gente que no trabaja en lo que les gusta. Por que tengo algunos líderes que no son amos ni señores y a los que firmaría parecerme un 20% a su edad. Por que hago feliz a gente que va en bicicleta o practica otro deporte. Y por que puedo montar en bicicleta cada día. Tengo amigos que cobran 3.000 y solo pueden ir en bici a las 20:00 o los fines de semana.

Navarra, Reyno de fantasía.

De las Bardenas a Aralar,
hasta Irati o el Roncal,
pasando por el Baztán,
o la Navarra más Oriental.

No saben vuesas mercedes
lo que en esta tierra tienen,
gracias a que tanto llueve,
marrón, amarilla, verde.

Los ríos saltan y suenan,
los cervatillos saltan,
y aunque las nubes se levantan,
esto es bonito aunque llueva.

Las montañas rugen al cielo,
el viento acaricia el monte,
mi cara mientras yo entreno,
sonríe hacia el horizonte.

Navarra querer no puedo,
llegar hasta tu final,
que aunque conozco mil pueblos,
no quiérote yo acabar.

Ríete de Nueva Zelanda,
de ir a grabar películas,
que aquí se puede rodar,
desde GOT hasta Calígula.

Que no faltan rincones,
de pura ciencia ambiental,
y tampoco faltan colores,
olores ni la humedad,
en otros sitios molesta,
en este no sienta mal.

Si supieran vuesas mercedes,
que tierra tienen acá.